Este proceso incluye verificar la presión, medir la temperatura del aire, y si hay dudas, realizar una prueba de estanqueidad para detectar fugas de gas con la ayuda de agua jabonosa o detectores específicos. Finalmente, se realiza la recarga del refrigerante en caso de que sea necesario, asegurándose de no sobrecargar el sistema.
Recuerda que «La limpieza de tu vehículo habla mucho de su dueño».
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